miércoles, 21 de enero de 2009

21 de enero por la tarde.

Es de esos momentos que quieres que perduren en el tiempo, que se pretende y se quieren eternos, donde encontrarse bajo la sombra de lo tangible y sentir el olor de lo significante te lleva en un suspiro a lo inpensable, donde encontrar las miradas de los que acojen te hace sentir ese frio que no te hace erizar los pelos si no te hacen sentir apasible.
Y notas que las cosas más infimas son lo que más te hace soñar, lo único que te hace sentir más grande y más seguro que algún día terminarás con aquello, bajo la tierra te unirás con ella y serán una sola.

martes, 6 de enero de 2009

Luego de un tiempo.

Porque está vez pretendí aprender un poco más de las vagas historias que redundan en mi vida, donde las cosas ocurren repetitivamente dentro de un periodo de tiempo, que parece que fuera contado con los dedos de las manos, donde esos temas de fantasmas de antaño y de horas de caminar bajo el sol o lluvia se vuelven al presente, como si quisiera despertarlas implorando el hecho de que regresen y que se vuelvan reales y aprenda la lección que se retuerce en mi inconsciente que sé que debo aprender pero que con la lucidez que invade mi conciencia y mi mente no me dejan más que actuar respecto a los sentimientos que sobreabundan en mi, y así pasan los momentos, los días intentando escapar y hacerme cargo de los errores que sé que cometo, pero que cegan mis ojos y apagan la luz casi inexistente que se muestran sutilmente dentro de los días en que vivo.
Donde pretendo caminar en esa oscuridad dejandome guiar más que nada por el resto de los sentidos que quedan en mi, y trato de seguir las pisadas que alguna vez di en ese mismo lugar, y trato de contar los pasos como si fuera un ciego que se basa en los recuerdos y en la costumbre de contar día a día esos pasos ya dados para poder llegar sano y salvo a casa, donde sé que es el único refugio que encontraré y donde sé que no daré la vuelta y veré esos fantasmas antes mencionados y que podré de una vez encerrarme en el miedo que perturba la profundidad de mi todo, donde sigo rogando que los recuerdos no me sobreexiten y me lleven a ese shock que provoca en mi la presencia de tu vida.